jueves, 23 de abril de 2009

Retroverso

Te mueves sigilosamente por toda la habitación. La recorres por cada uno de los rincones y ni siquiera te das cuenta de lo que estás haciendo. Eres el fantasma que siempre parece haber rondado los oscuros murallones de las calles pisadas de antemano por mis pasos: frenéticos, lánguidos y pausados ( conforme fueron avanzando los años).

Nada que hacer. Nada puedo hacer ante tan magnánimo poder. La abstracción, compañera de tantos senderos bifurcados, se vuelve enemiga. Me lleva por parajes imperecederos, que no sostienen el alma henchida de tanto clamor aullante. De tantas lunas aciagas, de tantas lunas felices; de avatares. De idas y venidas luminosas, colmadas de silencio y de lenguaje exacto.
Nadie se quiere dañar. Ya no tenemos tiempo, ganas, ni años para ello. Ya no queremos criar venganza. Sólo queremos sentir. Queremos ser parte el uno del otro. Queremos tener sesos bien puestos. Corazones bien arraigados. Ya no queremos mentirnos.

Pero aun seguimos deseando juego. Eso nos mantiene. Y nos va a mantener unidos, atados, embelesados; con fuerza girando en torno a palabras que parece que se divierten siendo mentiras pero que al fin - ambos intuimos- terminan por ser verdad. Se disfrazan de incógnitas y dejan al aire el vuelo partido de sentimientos compartidos que al final de cuentas siempre son y serán terriblemente verdad. Las cosas no resultarían de uno u otro modo. Esto, para ambos, no resultaría de uno u otro modo.

Así se comenzó esta partida. Interminable movimiento de piezas. Desde un principio escogimos color. Siempre pensando en ganar. Ahora eso ya no nos importa. Estamos inmersos en la cadenciosa y no siempre concienzuda forma de mover las piezas. Más no con descreimiento ni con maldad agónica; oscuridad de marejadas y nieve eterna. Sino con etéreo fulgor carmín.

Frente al mar nos vimos distantes pero a la vez unidos. Ambos lo sabíamos. Ambos circundamos los territorios del otro.Somos lo que en otra época seguirá. Los intervalos no romperán el circulo. Así puede ser la vida; pensé una vez. Así es la vida, me dijiste una vez; entrecortando frases.
Esperamos inviernos completos y seguimos incólumes ante todo. Ante el amor de otros. Ante la pasión de otros y de nuestras desgastadas vidas, que una y otra vez se renuevan, y que con gracia y pulcritud exponemos en aquellos parajes de los cuales eres parte. A los cuales te atienes y rebelas. A los cuales llegas convirtiéndolos en hogar de mañanas llenas de olas.

Tu y yo aprendimos a ceñirnos al tiempo. La paciencia te convierte en lo que eres y la impaciencia me convierte en lo que soy. Y, ahora que me atrevo a hacer otro retroceso, que tu y yo estamos envejecidos y que apreciamos cada mañana, tarde y noche, sabiendo lo que en tiempos remotos fue vida encarnecida en nuestra piel, nos descubrimos frente a la luna; en este cálido puerto, circundando aceras que en otros tiempos fueron nuestro cobijo.
Me saludas con la naturalidad y el nerviosismo que en años atrás nunca noté. Pero que ahora destilas y destilo más que nunca. Sabes que a pesar del transcurso del tiempo, te sigo viendo en la imagen de antaño. Y tu me sigues viendo con los mismos ojos con los que un día abrazaste mi vida entera.
No sabemos si mirarnos y saludarnos protocolarmente como lo hacen una señora y un señor de nuestra edad, ( no me olvido que bordeamos los cincuenta), o dejarnos ir y ahogarnos el uno en el otro. Ya estábamos citados. Esa es nuestra costumbre. Nunca me abandonaste. A pesar de todo. Yo nunca te abandoné. A pesar de todo. ( y tal vez más a mi pesar que al tuyo).A pesar de mi frecuente distancia y de tu intempestiva unión marital y sus consecuencias.
Estamos el uno frente al otro. Se termino el juego. Pero aún queda el análisis. Ahora que ya no seremos sólo instantes podremos hablar teniendo como testigo dos copas de vino, envueltos en lisonjeras nubes de humo; comentar nuestras maniobras y terminar nuestros días bordándonos amor anudándonos y des-nudándonos en tibias habitaciones de nuestro hogar.

No hay comentarios: