A Rosario todos los días le gusta estar un rato trepando árboles en la plaza que queda frente a su casa. Ella no se preocupa, como su madre, de si se va a caer o no, o si o si se va a ensuciar la ropa. Ella sólo quiero escalar y trepar lo mejor que se pueda. Hace esto para distraerse. Le encanta ver desde otra altura las micros, las personas y los animales que a diario pasan por ahí. Siente que allá arriba es más fuerte, más poderosa.
Un día como cualquier otro siguiendo está rutina, rosario se encontró con la sorpresa de que su árbol predilecto había sido cortado. Nadie le dio explicación alguna, ni le preguntaron, pensó ella. Rosario no lo podía creer y miraba a su alrededor sintiendo que el mundo le daba vueltas. Miró a su entorno tratando de encontrar algún otro árbol que fuese parecido a aquel que no ya no existía, pero pensó que ninguno podría reemplazarlo. Se fue a su casa y lo dibujo en distintos ángulos, con distintos colores, como queriendo ponerle distintas ropas. En un dibujo le pinto el tronco de color rojo; en otro de color azul y así, utilizó todos los colores que le fueron posibles. Con las hojas fue lo mismo. No solo las pinto verde, sino que también le cambió los colores. No se dio cuenta, pero en un lapsus de dos días rosario tenía cerca de treinta dibujos. Y continuó. Pero empezó a agregarse a ella dentro del cuadro. Se dibujaba arriba del árbol, mirándolo, apoyada al lado, etcétera. Asimismo, se coloreaba con distintas tonalidades.
Rosario se pasó casi todos los días después del colegio en esto. Ya no tenía la más mínima gana o energía para salir. Sólo quería dibujar una y otra vez ese árbol. Sentía que si no lo hacía se le olvidaría algo y se aterraba ante esa idea.
Su madre un día le preguntó que porqué no salía a jugar como antes, cuando desaparecía cerca de una hora y los vecinos la veían montada arriba del árbol de la plaza. Rosario le contestó que ya no tenía ganas y siguió dibujando día a día.
Pasó el tiempo, llegó el invierno, se vino la primavera y rosario seguía dibujando. Tenía tantos dibujos que ya no había espacio en las paredes de su pieza para seguir poniéndolos.
Rosario estuvo de cumpleaños. Cumplió once años. Transcurrió una semana luego de esto y rosario dejo de dibujarse a ella y a su árbol.
Pasaron los días y rosario le mostró una hoja de cuaderno a su mamá. En dicha hoja de cuaderno, había un listado con distintas cosas que, según le dijo rosario a su madre, eran muy necesarias para su nuevo proyecto. La mamá no entendía mucho y le preguntó si era una tarea para el colegio. Rosario le dijo le dijo que más que eso era parte de su nuevo año. La mamá salió de compras con ella y mientras conseguían los materiales la mamá le insistía una y otra vez a rosario si esto o aquello era imprescindible, ya que habían algunos elementos que salían bastantes caros.
Una vez que compraron todo y volvieron a casa, rosario se tomó la once y partió sin decir más a su pieza. La mamá le preguntó si dormiría y rosario le dijo que si y que soñaría muy lindo.
En la habitación, rosario comenzó con su nueva tarea. Tomo cada elemento comprado y comenzó a unirlos y a recortar y pegar. En esto estuvo prácticamente toda la noche. Cerca de las seis de la mañana, los padres de rosario sintieron ruidos. Se levantaron y pasaron por la habitación de rosario pero ella no estaba.
Los padres gritaron por toda la casa hasta que sintieron la voz de rosario que los llamaba. Estaba en el patio, arriba de un gran árbol de cartón, cartulina y papel crepe, iluminada por un pequeño foco envuelto en papel. Rosario miró a su mamá y le dijo: hoy si estoy de cumpleaños, ahora me puedo subir de noche a mi árbol y soy la flor que creció sobre el.
Un día como cualquier otro siguiendo está rutina, rosario se encontró con la sorpresa de que su árbol predilecto había sido cortado. Nadie le dio explicación alguna, ni le preguntaron, pensó ella. Rosario no lo podía creer y miraba a su alrededor sintiendo que el mundo le daba vueltas. Miró a su entorno tratando de encontrar algún otro árbol que fuese parecido a aquel que no ya no existía, pero pensó que ninguno podría reemplazarlo. Se fue a su casa y lo dibujo en distintos ángulos, con distintos colores, como queriendo ponerle distintas ropas. En un dibujo le pinto el tronco de color rojo; en otro de color azul y así, utilizó todos los colores que le fueron posibles. Con las hojas fue lo mismo. No solo las pinto verde, sino que también le cambió los colores. No se dio cuenta, pero en un lapsus de dos días rosario tenía cerca de treinta dibujos. Y continuó. Pero empezó a agregarse a ella dentro del cuadro. Se dibujaba arriba del árbol, mirándolo, apoyada al lado, etcétera. Asimismo, se coloreaba con distintas tonalidades.
Rosario se pasó casi todos los días después del colegio en esto. Ya no tenía la más mínima gana o energía para salir. Sólo quería dibujar una y otra vez ese árbol. Sentía que si no lo hacía se le olvidaría algo y se aterraba ante esa idea.
Su madre un día le preguntó que porqué no salía a jugar como antes, cuando desaparecía cerca de una hora y los vecinos la veían montada arriba del árbol de la plaza. Rosario le contestó que ya no tenía ganas y siguió dibujando día a día.
Pasó el tiempo, llegó el invierno, se vino la primavera y rosario seguía dibujando. Tenía tantos dibujos que ya no había espacio en las paredes de su pieza para seguir poniéndolos.
Rosario estuvo de cumpleaños. Cumplió once años. Transcurrió una semana luego de esto y rosario dejo de dibujarse a ella y a su árbol.
Pasaron los días y rosario le mostró una hoja de cuaderno a su mamá. En dicha hoja de cuaderno, había un listado con distintas cosas que, según le dijo rosario a su madre, eran muy necesarias para su nuevo proyecto. La mamá no entendía mucho y le preguntó si era una tarea para el colegio. Rosario le dijo le dijo que más que eso era parte de su nuevo año. La mamá salió de compras con ella y mientras conseguían los materiales la mamá le insistía una y otra vez a rosario si esto o aquello era imprescindible, ya que habían algunos elementos que salían bastantes caros.
Una vez que compraron todo y volvieron a casa, rosario se tomó la once y partió sin decir más a su pieza. La mamá le preguntó si dormiría y rosario le dijo que si y que soñaría muy lindo.
En la habitación, rosario comenzó con su nueva tarea. Tomo cada elemento comprado y comenzó a unirlos y a recortar y pegar. En esto estuvo prácticamente toda la noche. Cerca de las seis de la mañana, los padres de rosario sintieron ruidos. Se levantaron y pasaron por la habitación de rosario pero ella no estaba.
Los padres gritaron por toda la casa hasta que sintieron la voz de rosario que los llamaba. Estaba en el patio, arriba de un gran árbol de cartón, cartulina y papel crepe, iluminada por un pequeño foco envuelto en papel. Rosario miró a su mamá y le dijo: hoy si estoy de cumpleaños, ahora me puedo subir de noche a mi árbol y soy la flor que creció sobre el.
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