lunes, 20 de septiembre de 2010

Me encantaría que alguien pudiese amarme tanto que le doliera.
Que al mirarme me convierta en la unica existencia de este planeta.
Que cada respiración suya sea por mi.
Y que cuando al caminar se sorprenda solitario, busque rapidamente un teléfono para llamarme y asegurarse de verme lo más pronto que sea posible.
Eso no sucederá.
Mi soledad se expande y  nada sirve.

1 comentario:

Anónimo dijo...

a veces uno deja pasar a las personas, sin pensar en que mañana (y no referido al día siguiente inmediato, sino que a ese futuro ambiguo) uno mismo se verá exigiendo que no lo dejen pasar, que ojo...estás aquí y vales, y respiras y sientes y vives, y crees que por todo lo que significas lo mereces. Y es cierto, lo mereces.
Pero entonces...¿porqué dejaste pasar a otro que también lo merecía?...
Eso, no lo sabrás nunca. Solo pasa, y esparte del equivocarse y aprender. Cuando te das cuenta de los errores cometidos te lamentas, lloras, incluso pataleas, pero nada de eso servirá si nunca eres capaz de mirar a la cara, arrepentirse y decir "lo siento, pasaste tú, pero al siguiente, lo observaré un poco más y así tal vez lo llegue a valorar como no lo supe hacer contigo".
De los costalazos se aprende, sino, no hay un modo efectivo. La teoría no sirve de nada sin lo empírico.