sábado, 5 de marzo de 2011

Sus respiraciones agitadas y nerviosas se filtraban por sus cuellos. Podían verse. No hubo miradas cómplices sino más bien eran un par de pieles compañeras. Ajustados entre sí, el momento estaba sucediendo, domesticándose ambos bajo sabanas ajenas. Se desgarraron los disfraces y se entregaron al placer de estar juntos, a quererse como si se quisieran desde siempre. Se besaron, se desprendieron de todo sólo por ese instante, sin pensar en nada, más que en ese puro momento. 
Y he aquí la sublime consideración  de ver que la vida vale por estos sucesos. Acontecimientos guardados que  hacen sentir que aun existe energía moviéndose dentro de nosotros. Que no somos ovejas siguiendo un pastor. Que somos carne, sangre, fuego, vida, muerte. Volutas de humo propagándose en el silencio de una habitación sometida al imperio de los herederos de la vida. Bajo estas circunstancias la vida vale por todo y con todo. Cuando estas cosas ocurren lo primero que deberíamos hacer es sonreír, simplemente, por lo afortunados que podemos llegar a ser.

2 comentarios:

Uld dijo...

se me erizaron los pelos al leer... comparto contigo...

Caroline dijo...

Excelente :)